de tu abrasadora ausencia temida
que en mi locura desesperada
vertía formas de irreal y fugaz olvido.

La tormenta de arena oscurecía el cielo
y cabalgaba enterrándome en la fosa,
y me hacía temblar de dolor en la cripta
porque tú, tú hoy me has abandonado.
Y violada la pirámide de mi percepción
obtuve huellas audaces de locura
que ardían fieras en las entrañas de mi ser.
Y creyéndome desplazado en el camino
me detuve a observar el paso de la caravana
y te abracé, cruel escorpión, que envenenas hoy mi fe.
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