de mi sangre, ninguna como tú me hiere tanto.
La caída de las hojas, el tiempo que pasa
señalan el camino amarillo, el fin de la luz
y la lluvia que nunca acaba, de dolor me colma.
En un instante infinito, lúgubre mi alma
anunciando cansancio, malestar, desgana...
es mi espíritu gritando.
...era un llorar que se tornaba hacia dentro.
Todo mi ser temblaba en el crepúsculo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario