
Nos dejó un reguero de espinas en el camino,
en el viento cabalgó la suerte diciendo adiós,
pendiente arriba, al final del cortejo de luces
y llantos, sólo quedó una solitaria palmera
que al son del caprichoso viento
reflejaba sombras de inconsolable dolor...
Y en la oscuridad, la del otro lado,
el toc-toc... no se oyó.
el toc-toc... no se oyó.
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