
Era un llorar colmado de incertidumbre:
me sentía descubierto, desnudo y muerto
ante tus ojos que pedían más amor.
Y no podía mirarte a voz sincera
temía lástima, me acongojaba tu piedad...
Y no podía ser de otra manera:
la flor de piel sucumbía al viento,
al roce cálido del anhelado tacto.
Y no sé qué hacer...
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